Madrid – En un viaje a la capital española durante los primeros días de octubre pasado me encontré una ciudad casi en caos por diversas obras en ejecución de la alcaldía y un lindo recorrido visual por el diseño de portadas de discos en Latinoamérica.
El lugar fue “Casa de América” y la exposición “Mira qué lindas”, que contenía portadas de más de 250 discos de pop rock de todos los tiempos en nuestros países latinoamericanos, y mi sorpresa fue encontrarme entre ellos a una del grupo salvadoreño Adrenalina.
Distintos conceptos gráficos y retratos o “collages” e ilustraciones aparecieron frente a mis ojos de grupos y artistas contemporáneos. Mi solitaria visita al hermoso lugar, adonde se dan cita los más famosos del continente, fue engalanada por esa exposición.
“Portadas con coches o animales, otras donde impera la seducción y en muchas otras el corazón, con múltiples aplicaciones, es el elemento gráfico protagonista”, dice parte del dossier preparado para la oportunidad.
El viaje al “túnel del tiempo”, se inicia con producciones desde la década de 1960 a 1990 y muestra las características gráficas de las portadas de los discos que dejaron huella en el rock latinoamericano.
Y ahí estaba frente a mis ojos la portada del disco “Ni un pelo de inocente”, un cerdo blanco alado con algunas de las mejores producciones contemporáneas de discos en El Salvador y cuya agrupación lamentablemente desapareció, aunque dicen que sus miembros intentan juntarse para presentaciones fugaces en ciudades estadounidenses.
Aquel disco contenía los inolvidables temas “HIV”, “Oscuridad”, “Pater Noster”, “Patas Arriba” y la clásica “La maldita”, una canción que fusionó la cumbia y el trash metal y que se colocó como número uno en varias estaciones de radio.
“El disfrute se potencia cuando se miran y se tocan. Al contrario del arte que se exhibe en museos y galerías, el diseño de portadas tiene ese atributo especial que lo hace estar en relación íntima con el consumidor del hecho artístico. Se lo puede tocar, usar y hasta intervenir”, dice parte de una reseña de la hasta curiosa exposición.
De esa forma los mitos de la historia del rock siguen vivos en portadas que continúan sorprendiendo desde la primera vez que alguien las miró y las tocó como cuando Los Beatles cruzaron la calle Abbey Road o la lengua de Los Rolling Stone, tan roja y perversa, definió “la eterna adolescencia”.
La muestra en Casa América incluyó más de 250 reproducciones de portadas -en distintos tamaños- de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, lo cual atrajo a cientos de curiosos por la hermosa sala con piso de madera.
“Música e imagen están estrechamente ligadas en la cultura pop, tanto que los bocetos del diseñador de una portada suelen llevar a bizantinas discusiones entre músicos, managers, productores y todos los que están alrededor”, agrega el dossier que presenta la exposición.
Ante mis ojos portadas de discos como el álbum debut del grupo argentino Almendra, Secos & Molhados en Brasil, Los Jaivas en Chile, Totem y Psiglo en Uruguay.
Y así un recorrido que no solo marca los primeros años de la irrepetible década de 1970 con la marca de la sicodelia y el rock progresivo. Aunque también la presentación alude las dictaduras militares, “la resistencia juvenil, los blue-jeans, las drogas, las posteriores aperturas democráticas, luego el jolgorio ochentero…”
Latinoamérica se muestra con bandas que florecieron y desarmaron, y luego las generaciones que reinventaron el rock y su iconografía, hasta llegar a los colores y tipografías actuales.
Pude observar diseños del venezolano Masa para Los Amigos Invisibles o discos de las bandas argentinas Babasónicos, ¡Miranda! y antes Soda Stéreo, pero también fuera de fronteras con Esquemas juveniles de la chilena Javiera Mena y el sorprendente Sí de la mexicana Julieta Venegas.
Destaque aparte merece el viaje expresivo de Rubén Albarrán y Quique Rangel, integrantes de Café Tacuba pero también diseñadores de los discos de su banda y de otros famosos artistas mexicanos.
Estos son solo algunos de los diseñadores y artistas que han buscado hacer la mejor tapa; y se han multiplicado desde que las computadoras llegaron para multiplicar revolucionaros diseños gráficos, aunque hay que aceptar que ese arte de portada clásico posiblemente se siga extendiendo.
El diseño de portadas es hoy “una tarea vertiginosa, desafiante, acompañando desde el vamos a la revolución my space y también a los cambios provocados por el formato mp3.
Los programas de reproducción digital no prescinden de la imagen: la incluyen y multiplican en su formato cuadrado, heredado del arquetípico disco. También están los flyers, pero son otra historia. El único contratiempo es que los discos virtuales se miran y no se tocan, lo que hace presagiar que –al igual que el libro- el disco como objeto sobreviva, aunque en una dimensión de culto, casi fetichista”, agrega el comentario del dossier.
En la muestra se proponen miradas lúdicas que se construyen desde caprichos temáticos: coches, animales, erotismo y corazones son algunos de los motivos recurrentes en el arte de portadas de rock. “La propuesta es aturdirse de imágenes, pero sobretodo divertirse y comprobar que detrás de cada carátula se esconden varias de las mejores canciones del rock en nuestro idioma”.


