Aunque no sorpresivamente pero novedosamente diligente por la consulta a que se sometió ante múltiples sectores de la sociedad salvadoreña, adicionalmente a su publicación (internet) para acceso y conocimiento de todo el que esté interesado, a diferencia de las discusiones privadamente exclusivas/discriminantes del pasado, la reforma fiscal impulsada por el Gobierno del Presidente Funes responde al propósito de una nueva forma de hacer política y al slogan de cambio que promovió durante la campaña, específicamente al compromiso de un combate frontal, de verdad, contra la evasión (contrabando y pago nulo o parcial de impuestos internos) y la elusión. Ahora se perfila el primer paso: solicitar la aprobación del andamiaje legal con efectos administrativos importantes que cierran hoyos y barrancos legales. Veremos cuan eficiente es su uso y aplicación. Los ajustes en la marcha no manchan las promesas del Presidente y por el contrario ratifican su voluntad de escuchar y modificar cuando se considere pertinente. Reforma o reformita, se podría decir, calificativo que no importa pues sobresale su significado claro por romper la desgastada política fiscal de los 20 años previos, una muestra inobjetable del inédito entusiasta enfoque social en el hacer política fiscal que ahora comienza a gozar el país –ya era hora-. Parafraseando: Un pequeño gran paso en materia fiscal, por sus matices equivalente a como alguna vez se dijo al descender por primera vez en la Luna.
Igualmente, para nada sorpresivas pero si desazonados, se han escuchado, escrito y divulgado con mucha algarabía las normales, naturales y recicladas reclamaciones “técnicas” contra todo acto que persigue el aumento de la recaudación impositiva que no recaiga con lágrimas de cocodrilo sobre el sufrido pueblo, por parte de los “afectados” y/o sus representantes institucionales (ANEP), a sueldo directo o de beneficio mediato por sus “magnánimas” acciones; destacando prestigiosos (¿o sería más preciso decir prestidigitadores?) personeros ‘think tank’ pertenecientes a FUSADES y otros personajes caset-reproductores, cuyos pronunciamientos “desinteresados” (demos ¡gracias! al santo Cachón que todos los ex funcionarios de Gobierno ahí presentes en calidad de dirigentes nada más son una curiosa ‘casualidad’) espantan y/o dan risa contradictoriamente al ver las falacias utilizadas como signo de preocupación por las mayorías. Reclamaciones con nota musical de crítica amañada que indudablemente han tenido mucho más sonido -volumen diez no obstante no pasar de ser la parte Light de las reformas requeridas-, más ruido que cuando en el pasado se han incrementado los impuestos indirectos, caso del surgimiento del IVA y posterior aumento de tasa. Muy pegajosa ha resultado la tentación forzosa por esgrimir los argumentos de siempre: desengavetando por enésima vez los discursos apocalípticos, extrañándose que no aparezca por algún lado el petrolero monstruito del sur en estas diatribas.
Por hoy la excusa fogosa muy al estilo Hollywood es que la reformita es inoportuna, conclusión seria a la que dizque se arriba luego de analizar con ultra seriedad y multi esfuerzos muchos cuadros estadísticos muy al derecho visto en revés, ante la crisis económica –guau con tal im_presionable im_profundidad seguro se vende el mensaje ¿?. Mañana tampoco lo sería a fin de no espantar los vientos de reactivación; más adelante, expondrían que hay que evitar arriesgar la continuidad del crecimiento alcanzado, para con una nueva crisis reiterar la imprudencia de… algo como lo presente; es decir, nunca será prudente ni existiría un momento apto para tocar los impuestos hechos a la medida de intereses privilegiados, a menos que sea para pagar deuda –particularmente a tenedores locales de papeles- u otorgar incentivos a los exportadores y otros grandes productores, etc.
Efectivamente los sollozos cantos de sirena no serían los mismos si el trueno fiscal apuntara al IVA (aumento de tasa deja intacta las ganancias al ser trasladable toda la carga impositiva a los consumidores), en cuyo caso el pecado no es condenado por los ‘think tank’ aludidos sino “entendido”, claro sin faltar un apresurado y abúlico gemido de economista analista por el potencial impacto sobre el consumo … más guiri guiri … pero final y temporalmente amnistiado (ver el pasado) por los nobles objetivos que exigen sacrificios … a quienes ya están acostumbrados por los siglos de los siglos.
Pero los actuales vértigos con apoyo mediático resultan de los suspiros porque ahora pareciera ser casi imposible detener la marea de cambios fiscales que necesita el país, con nostalgia fascista… - dicho por el histórico FASito- de que ayer si se pudo con el otrora Presidente con falso apellido ‘que lo social no es complemento sino la base de todo’ ¿incumplimiento?, y que ahora máxime con el reciente golpe o palmadita tropical en la Asamblea Legislativa, hay variado freeway por el cual transitar a destino seguro.
Es muy común en quienes defienden sinceramente los intereses del pueblo calificar al IVA como el impuesto más injusto al ser “asimilado” plenamente por los consumidores, y en consecuencia su contrapartida atractiva resulta el impuesto sobre la renta. Lamentablemente la premisa que los impuestos directos son aquellos que por lo general no se trasladan, se aplica a nuestro caso, puesto que el margen de error –lo que no es general- tiene cabida al recordar la estructura poco competitiva del mercado. Esta situación significa que aun los impuestos directos como el que se imputa a la renta, es trasladado por los sectores con capacidad de manipulación de los precios, monopólicos-oligopólicos. Los que más tienen fácilmente se identifican como empresarios propietarios, profesionales dentro de ese tipo de negocios, etc., que al tener poder suficiente para trasladar el impuesto, escapan a las intenciones de que el que tenga más que pague más según la filosofía de la capacidad contributiva. Triste verdad que no tiene remedio.
Por lo tanto, podríamos decir, sin desconocer que es una calificación debatible nuestra intención de indultar al traje infernal que frecuentemente se otorga a impuestos generales al consumo, que “todos” los impuestos por lo general son trasladables en economías con débiles mercados locales competitivos, recayendo al final de cuentas, independientemente si son tipo IVA o Renta, sobre las mayorías de siempre, sobre los que menos tienen, por su condición de asalariado, empresario micro o pequeño, trabajadores por cuenta propia etc. Entonces ¿concluiríamos que nos coma el tigre indefendiblemente?
Respuesta: NO. Precisamente al tener conciencia del comentario anterior esto es lo magistral de la reforma en proceso de aprobación, al retomar al fin el tema de la evasión y elusión sin faltar el problema del contrabando, más otras novedades como hacer tributar los intereses por hoy exentos, cuyas modalidades no hacen imposible pero inoportuno de manera general su traslado, al menos con sustancial diferencia que un tradicional incremento de tasas impositivas. Y su carácter Light como reformita es coherente con la etapa deprimida que atraviesa la economía; lo que para nada es excluyente el buscar mayor recaudación, y convenientemente concentrarse en los que han estado fuera del circuito de contribuyentes normales, en aras de financiar gasto que cubra necesidades sociales insatisfechas y necesarios programas de estímulo a la reactivación económica.
Como principio no declarado encontramos que la reforma propuesta es guiada bajo el ideal terrenal que sea verdad que paguen impuestos los que no pagan y que tienen capacidad de pago: combatiendo la evasión y el contrabando como cerrando las puertas a la elusión se estaría haciendo justicia fiscal en dos vías: garantizar que paguen (algo al menos de) impuestos quienes escapaban de hacerlo total o parcialmente por lo que medio se equipara el trato con los que ya lo hacían previamente, y lograr que aquellos tradicionales “huidizos”, atracadores fiscales a plena luz con guante blanco y respaldo legal, con capacidad de pago , comiencen a tributar con módica decencia.
Hasta ahora no ha sido para nada alguna atracción el traslado de capitales financieros a el país en razón de que los intereses estaban exentos; a excepción de los hermanos lejanos que aprovechan la conexión con su país de origen y depositan en bancos ‘locales’ y en segundo grado de importancia usufructúan alguna mayor tasa de interés. Con la modesta tasa que se gravarían los intereses, como sucede en la mayoría de países, no hay verdaderamente ningún argumento que demuestre la fuga de ahorros. Aquí se evidencia el carácter irreal de afirmaciones apocalípticas para nada desinteresadas, muy al tono del decir popular que se busca “asustar con el petate del muerto”.
Lo que sí asusta a los usuarios privilegiados de las figuras de elusión y/o exenciones vigentes, es la futura dificultad para evadir el correcto y justo pago de los tributos. Por ejemplo, ha sido parte del menú diario de esos no solidarios contribuyentes deducirse gastos personales al imputarse como gastos de la empresa (cuotas de clubes, boletos aéreos, vehículos, gasolina, vivienda y otros que no tienen ninguna relación con el giro del negocio). Igual las nuevas exigencias, particularmente su obligación de estar en línea, por el control y supresión de los manejos truculentos de las máquinas registradoras. Las dificultades que habría para disfrazar remuneraciones (mayormente a ejecutivos y/o propietarios) que no tributan por contabilizarse como gasto de la empresa. O que tengan que tributar actividades como las vinculadas a transacciones de títulos valores. Ya no se diga la creación de unidades judiciales especializadas para dirimir apelaciones sobre fiscalizaciones declaradas firmes, lo que ayudaría que las previas y nuevas (principalmente) obligaciones confirmadas de impuestos por cobrar no duerman el sueño de los justos. Etc. Tal son los verdaderos motivos que esconden los falsos cantos de sirena a favor de los pobres, escondiendo ciertamente el temor de que sean realidad las sanciones monetarias y penales, único recurso efectivo para garantizar el cumplimiento tributario que manda la ley.
¿Si al menos toda esa falacia y ruido “técnico” pro-mayorías de los opositores se recordara por los susodichos representados al momento de establecer remuneraciones al trabajador o determinación de los precios de venta de sus productos o servicios? Claro que ello es pretender validar los cuentos de hadas. Al menos que se paguen impuestos decentemente.
Juan Grande, economista salvadoreño, es colaborador de Raíces.


